El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán frenó los combates abiertos, pero dejó una secuela de muertos, inflación, crisis energética y mayor inestabilidad global. A dos meses del inicio, el saldo muestra más perdedores que ganadores.

Dos meses después del inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, el frente militar luce menos activo, pero el conflicto sigue lejos de una salida definitiva. El presidente estadounidense Donald Trump aseguró el 1º de mayo que la guerra quedó “terminada” para efectos legales, aunque la propia situación sobre el terreno sigue siendo inestable y el pulso diplomático continúa abierto.

El cuadro general deja una conclusión incómoda: la guerra dañó a civiles, golpeó economías, encareció la energía y agravó tensiones en varios frentes al mismo tiempo. Incluso entre los países que lograron alguna ventaja táctica o comercial, casi ninguno puede hablar de una victoria completa.

Los grandes perdedores

El principal perdedor vuelve a ser, una vez más, la población civil. En Irán, Reuters recopiló en abril estimaciones que hablaban de más de 3.600 muertos desde el comienzo de la guerra, con una parte importante de víctimas civiles, mientras que la ONU denunció además ejecuciones, arrestos masivos y una represión interna agravada por el conflicto.

Líbano también quedó otra vez atrapado en una guerra que desborda sus fronteras. Reuters reportó que más de 2.500 personas murieron en ataques israelíes en el país desde el 2 de marzo, en un escenario donde continúan los bombardeos, los desplazamientos y la destrucción de pueblos enteros en el sur libanés.

Los países del Golfo, que intentaron evitar una escalada, también terminaron golpeados. Reuters informó que los Emiratos Árabes Unidos fueron uno de los blancos más afectados por misiles y drones iraníes, mientras que el bloqueo y la crisis en el estrecho de Ormuz golpearon con fuerza a economías muy dependientes de ese corredor, como Iraq, Qatar y Kuwait.

El impacto en Estados Unidos y en la economía mundial

En Estados Unidos, la guerra se trasladó rápidamente al bolsillo. Reuters reportó que la inflación anual subió al 3,3 % en marzo, frente al 2,4 % de febrero, impulsada en buena medida por el salto del combustible. A eso se sumó un desplome de la confianza del consumidor, que en abril cayó a niveles históricamente bajos.

El problema no quedó solo en Estados Unidos. El FMI rebajó en abril su previsión de crecimiento mundial para 2026 al 3,1 %, advirtió sobre más presión inflacionaria y alertó que los países más pobres pueden sufrir un golpe especialmente duro por el aumento de la energía, los alimentos y los fertilizantes.

Reuters también mostró cómo la suba del petróleo y del gas ya se está trasladando a productos cotidianos, desde transporte hasta plásticos y químicos usados por la industria. En otras palabras, la guerra en Medio Oriente ya no es solo un problema regional: se convirtió en un factor de presión sobre los precios globales.

Trump, Netanyahu e Irán: objetivos incompletos

Para Trump, la guerra sigue siendo una apuesta de resultado incierto. Reuters informó este viernes que, más de dos meses después del inicio del conflicto, la Casa Blanca no puede mostrar una victoria militar o diplomática concluyente: no hay cambio de régimen en Irán, no hay cierre definitivo del frente regional y tampoco una solución clara sobre Ormuz o el programa nuclear iraní.

Benjamin Netanyahu, por su parte, consiguió una victoria táctica inicial al empujar a Washington a una confrontación directa con Irán y degradar parte de la capacidad militar iraní. Pero esa ganancia convive con mayores amenazas en el norte de Israel, un desgaste internacional más profundo y la percepción de que la guerra está lejos de haber cerrado el problema estratégico de fondo.

Irán también sufrió pérdidas enormes, incluida la muerte del ayatolá Alí Khamenei y el ascenso de Mojtaba Khamenei en una estructura cada vez más dominada por la Guardia Revolucionaria. Sin embargo, el régimen no cayó y logró demostrar que todavía conserva capacidad para alterar el comercio energético mundial a través del estrecho de Ormuz.

Quiénes salen mejor parados, al menos por ahora

Entre los actores que lograron amortiguar mejor el golpe aparece China. Reuters señaló que Pekín llega a esta crisis con mayores reservas, una matriz más diversificada y un posicionamiento dominante en energías renovables. Además, el conflicto impulsó apuestas de mercado a favor de fabricantes chinos de paneles solares y otras tecnologías limpias.

También Rusia obtuvo un alivio económico parcial. La Agencia Internacional de Energía informó, a través de Reuters, que los ingresos rusos por exportaciones de petróleo y combustibles casi se duplicaron en marzo, hasta llegar a US$ 19.000 millones, gracias al salto de los precios internacionales.

Otro grupo que gana, al menos en el corto plazo, es el de las grandes compañías de combustibles fósiles. Un nuevo informe de Oxfam proyectó que seis gigantes del sector podrían obtener en 2026 beneficios por US$ 94.000 millones, en medio de una crisis que encarece la vida para millones de personas.

La guerra también acelera otro cambio

La contracara es que el conflicto volvió todavía más atractiva la transición energética. Reuters informó que la Unión Europea respondió con planes para reducir la dependencia del petróleo y el gas, mientras que incluso desde la cúpula climática de la ONU se habló de una aceleración del giro hacia energías limpias por el shock de precios y seguridad.

Además, la guerra reforzó la centralidad de nuevas tecnologías militares, en especial los drones. Ucrania, por ejemplo, empezó a capitalizar su experiencia en ese campo con nuevos vínculos con países del Golfo, un dato que puede darle oxígeno diplomático y comercial en medio de su propia guerra con Rusia.

Un balance todavía abierto

Por ahora, la guerra deja una foto bastante clara: más inestabilidad, más costos y una cadena larga de perdedores. Algunos actores lograron sacar provecho parcial, pero casi todos lo hicieron dentro de un escenario más frágil, más caro y más peligroso que el de principios de año.

A dos meses del inicio, la pregunta ya no es quién ganó primero, sino quién podrá soportar mejor las consecuencias de una guerra que todavía no encuentra una salida firme.

Fuente

Reuters, FMI, SIPRI, ONU,CNN y Oxfam.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *