La puja por la próxima Secretaría General de la ONU se abrió en un contexto de guerras, descrédito del multilateralismo y presión para que, por primera vez en 80 años, una mujer llegue al principal cargo del organismo.
La ONU enfrenta en 2026 una de las discusiones más sensibles de los últimos años: elegir a la persona que reemplazará a António Guterres al frente de la Secretaría General a partir del 1 de enero de 2027. El debate se da en medio de un escenario internacional marcado por guerras abiertas, mayor militarización, crisis humanitarias y crecientes cuestionamientos a la capacidad real del organismo para incidir en los conflictos globales.
Este martes 21 de abril comenzaron en Nueva York las audiencias públicas con aspirantes al cargo, una instancia central del proceso de selección impulsado por la Asamblea General. Por ahora, hay cuatro candidaturas formalmente presentadas: Michelle Bachelet (Chile), Rafael Grossi (Argentina), Rebeca Grynspan (Costa Rica) y Macky Sall (Senegal).
Una ONU cuestionada y con menos margen de maniobra
La elección llega en un momento de desgaste para Naciones Unidas. El organismo arrastra críticas por su falta de eficacia frente a conflictos como Gaza, Ucrania y la escalada regional en Medio Oriente, además de cuestionamientos por burocracia, pérdida de autoridad política y dificultades para sostener consensos entre las grandes potencias. Ese deterioro se ve agravado por el peso de líderes nacionales cada vez más fuertes, que negocian o confrontan por fuera del marco multilateral.
El futuro secretario general tendrá, además, que moverse en un tablero condicionado por el poder de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, cuyo respaldo —o veto— sigue siendo determinante en la definición final. El proceso formal prevé nominaciones de los Estados, diálogos con los candidatos y, luego, la recomendación del Consejo de Seguridad a la Asamblea General.
Por qué América Latina aparece como favorita
En la ONU existe una tradición no escrita de rotación regional, y América Latina y el Caribe aparecen como la región mejor posicionada para quedarse con el cargo. La zona solo tuvo hasta ahora un secretario general: el peruano Javier Pérez de Cuéllar, que ocupó el puesto entre 1982 y 1991. Sin embargo, esa rotación no está garantizada por ninguna norma formal, por lo que el criterio político seguirá pesando más que la costumbre.
En ese marco, la región llega con tres nombres fuertes. Rafael Grossi, actual director general del OIEA, aparece como uno de los postulantes con mejor llegada a las grandes potencias. Rebeca Grynspan, hoy al frente de la UNCTAD, se presenta con perfil reformista y experiencia en desarrollo. Michelle Bachelet, expresidenta de Chile y ex alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, mantiene su candidatura con apoyo de Brasil y México, pese a haber perdido el respaldo del gobierno chileno.
La presión para que la ONU tenga su primera mujer al mando
Otro de los ejes que atraviesa la elección es la presión para que la ONU tenga por primera vez una mujer en la Secretaría General. Organizaciones como GWL Voices volvieron a impulsar esa campaña en 2026, con el argumento de que el sistema multilateral necesita una renovación real también en términos de representación y liderazgo.
La discusión no es menor: en 80 años de historia, el principal cargo de la ONU nunca fue ocupado por una mujer. Ese dato convirtió a Bachelet y Grynspan en nombres especialmente observados dentro de la carrera, en una contienda que mezcla equilibrio regional, género, geopolítica y capacidad de negociación.
Qué está en juego en esta elección
Más allá de los nombres, la pregunta de fondo es otra: si la ONU todavía puede recuperar influencia en un mundo donde las potencias actúan cada vez con menos disposición a someterse a reglas comunes.
La próxima Secretaría General no solo deberá administrar una estructura gigantesca. También tendrá que reconstruir confianza, defender el valor del multilateralismo y encontrar margen político para intervenir en crisis cada vez más complejas.
Por eso, la elección de 2026 no aparece solo como un recambio institucional. Para muchos, es una prueba decisiva sobre si Naciones Unidas conserva capacidad de reinventarse o si seguirá perdiendo peso frente a un orden internacional cada vez más áspero.
Fuente
CNN y fuentes oficiales de Naciones Unidas